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Cualidades y mujeres

Los últimos días me he puesto a reflexionar sobre lo vacuo de mis dotes románticos. Sé que la observación de la naturaleza es uno de los pocos placeres a los que se puede dedicar un opositor. Así, a través de mi ventana puedo ver como crece el musgo en la pared del edificio de en frente, a escasos 5 metros. Como comprenderán uno se cansa pronto de observar la naturaleza y vuelve a los libros, o a las películas (está todo calculado).

Pero alguna reflexión sí que se me escapa. Flexiono una vez las rodillas para volverlas a flexionar, y ya me encuentro reflexionando. A este respecto el amor es lo primero que a uno le viene a la mente cuando reflexiona las rodillas. Siempre el amor (hay una relación extraña entre el amor y las articulaciones que les invito a descubrir). Y pienso cómo se manifiesta en las distintas etapas de la vida.

A edad temprana los niños tratan de llamar la atención de las niñas tirándoles del pelo o arrojándoles globos de agua. En esto yo era un lince. Recuerdo cómo a los 11 años iba persiguiendo a mi presa y desde unos 6 ó 7 metros de distancia le estampé el globo en toda la cara. He de advertir que este método no da los resultados pretendidos porque la chica, si me recuerda, lo hará con odio. Pero es importante que te recuerden, eso significa que, por lo menos, eres un pensamiento. Fue un punto cúlmen en mi relación con las mujeres.

En una etapa un poco posterior los niños tratan de impresionar a las niñas presumiendo de esas cualidades que les adornan y que ellos consideran que dejaran patidifusas a los ejemplares del otro sexo. ¡Y qué razón tienen! En cambio, los adolescentes, una vez superan la fase de la vergüenza en la que su color habitual es el rojo, intentan conquistar a las féminas haciendo como que pasan de ellas, como si no les importaran. Es la técnica del pasota.

Los jóvenes y los adultos verían reducidas sus posibilidades a piropos y otros halagos (y a la cuenta corriente) si no fuera porque las mujeres se los tragan de verdad. Tengo que practicarlo algún día.

Y ya las personas de más edad, que no están para perder el tiempo y que han cabalgado sobre las olas de la vida mostrando su manejo del timón, las velas y otros aparejos náuticos, manifiestan a las claras sus preferencias con una lista de puntos básicos que el otro debe poseer o aceptar: “Lo siento pero no hay nada que hacer, no cumples mi tercer requisito”. Aunque, entre nosotros, suelen ser poco exigentes en sus requisitos. Me han dicho que la mayoría admite la dentadura postiza.

He de decir, no sin cierto sonrojo, que me hallo en la fase más primitiva de todas, la de los globos de agua. Vamos, que si me dejaran me pasaría el día lanzando globos de aguas a las chicas que me gustan (y parecería una epidemia, porque son tantas…). Como esto no es muy serio quiero pasar a ésa segunda fase en la que los chicos tratan de impresionar promoviendo esas cualidades que resultarían más apreciadas entre el género opuesto. ¡Todo sea por evolucionar! Algo así como vender la mercancía mediante anuncios publicitarios y carteles. Lo que no sé es cuáles de las buenas cualidades que me adornan me servirían para conseguir este objetivo. ¿Me ayudáis a elegir?:

1. Mi consabida capacidad de trepar a los árboles (siempre temeré el momento en el que alguien me obligue a exhibirla de verdad).

2. Mi potencial figura anoréxica .

3. Escribir muchas tonterías sin sentir por ello una vergüenza desmesurada.

4. Mis sombreros.

5. Mi afición por el sexo oral.

6. Mi superpoder para detectar imbéciles.

7. Mi torpeza en el baile, que despierta la compasión natural en las féminas.

8. Mi capacidad sobrenatural para hablar con rimas.

9. El sonido estridente de mi voz.

10. Mis conocimientos autodidactas en fusión nuclear.

11. Mis interesantes anécdotas de cuando tenía seis años.

12. Mi confusa identidad con los babuinos.

13. Mi colección de piedras volcánicas.

¿Tengo alguna otra que se me haya pasado? En fin, la suerte está echada, me abandono a su criterio. Pondré en práctica las sugerencias y ya informaré los resultados.