Comillas

Para los que no saben usarlas correctamente, les indago que, en el lenguaje escrito castellano, las comillas, ese signo tipográfico que nos sirve para encerrar citas, deberán ser siempre latinas («…») y sólo utilizaremos las comillas altas o inglesas (“…”) cuando éstas encierren una cita dentro de otra cita. Las comillas sencillas se usarán para encerrar una cita dentro de otra que ya está encerrada entre comillas inglesas. El orden de utilización será el siguiente: « ” ‘ ‘ ” ». Si es usted inglés, puede utilizar las comillas inglesas (ejemplo: “My Lord”); si es usted francés, puede utilizar las comillas con un espacio entre la palabra y el signo (ejemplo: « Mon Dieu ») y las llamará guillemets en honor a Guillermo Le Bé, que fue el primero en utilizarlas para encerrar citas; si es usted alemán, usará las comillas con el orden invertido al que estamos acostumbrados (ejemplo: »Mein Gott«).

Y ahora, dicho lo anterior, vamos con el chiste:

Un inglés, un francés, un alemán y un español hablan del servicio postal de sus respectivos países. El inglés dice “En mi país, yo escribo en la dirección del sobre ‘Para mi madre Mary, de su hijo George,Yorkshire’ y la carta llega sin problemas”. Entonces el francés contesta « En mi país, yo escribo ” Para mi madre Natalie, de su hijoJean, Marsella ” y la carta llega sin problemas ». Entonces responde el alemán »Pues en mi país, yo escribo “Para mi madre Hilda, de su hijoHorst, Berlín” y le llega la carta sin problemas«. Entonces llega el español y dice «Eso no es nada, en mi país, yo voy a correos con un paquete y nada más verme ya se lo envían a mi madre». El inglés dice “Eso no puede ser”, el francés dice « Eso no me lo creo », el alemán dice »Eso habrá que verlo«. «Pues vamos a la oficina de aquí al lado», responde el español. Entran en la oficina de correos y el español se lleva la mano a la bolsa escrotal y le dice al hombre de la ventanilla: «¿Para quién es este paquete?». «¡Para tu puta madre es ese paquete!», le contesta.

¿Les ha hecho gracia? Ya, ya sé que no, pero no me digan que no es un chiste instructivo.


Feliz año nuevo

Hoy es el solsticio de invierno; hoy empieza realmente el año nuevo, más allá de errores astronómicos ancestrales. Les deseo a todos que este año que empieza esté libre de supercherías y seudociencia; que sus cálculos y esperanzas no estén basados en horóscopos, premoniciones, runas, barajas de denominación alguna, espíritus, encantamientos, dietas milagrosas, acupunturas, homeopatías, terapias theta, beta o de cualquier letra griega, feng shui, I-ching, caracolitos, conspiraciones… Que la razón y la parsimonia epistémica les asistan en todo momento.

 

¡¡¡FELIZ AÑO NUEVO!!!


1964

Ya no seré feliz. Tal vez no importa.
Hay tantas otras cosas en el mundo;
un instante cualquiera es más profundo
y diverso que el mar. La vida es corta
y aunque las horas son tan largas, una
oscura maravilla nos acecha,
la muerte, ese otro mar, esa otra flecha
que nos libra del sol y de la luna
y del amor. La dicha que me diste
y me quitaste debe ser borrada;
lo que era todo tiene que ser nada.
Sólo me queda el goce de estar triste,
esa vana costumbre que me inclina
al sur, a cierta puerta, a cierta esquina.


Despedida

Entre mi amor y yo han de levantarse
trescientas noches como trescientas paredes
y el mar será una magia entre nosotros.

No habrá sino recuerdos.
Oh tardes merecidas por la pena,
noches esperanzadas de mirarte,
campos de mi camino, firmamento
que estoy viendo y perdiendo.
Definitiva como un mármol
entristecerá tu ausencia otras tardes.


Te digo que no soy un hombre puro

Yo no voy a decirte que soy un hombre puro.
Entre otras cosas
falta saber si es que lo puro existe.
O si es, pongamos, necesario.
O posible.
O si sabe bien.
¿Acaso has tú probado el agua químicamente pura,
el agua de laboratorio,
sin un grano de tierra o de estiércol,
sin el pequeño excremento de un pájaro,
el agua hecha no más de oxígeno e hidrógeno?
¡Puah!, qué porquería.

Yo no te digo pues que soy un hombre puro,
yo no te digo eso, sino todo lo contrario.
Que amo (a las mujeres, naturalmente,
pues mi amor puede decir su nombre),
y me gusta comer carne de puerco con papas,
y garbanzos y chorizos, y
huevos, pollos, carneros, pavos,
pescados y mariscos,
y bebo ron y cerveza y aguardiente y vino,
y fornico (incluso con el estómago lleno).
Soy impuro ¿qué quieres que te diga?
Completamente impuro.
Sin embargo,
creo que hay muchas cosas puras en el mundo
que no son más que pura mierda.
Por ejemplo, la pureza del virgo nonagenario.
La pureza de los novios que se masturban
en vez de acostarse juntos en una posada.
La pureza de los colegios de internado, donde
abre sus flores de semen provisional
la fauna pederasta.
La pureza de los clérigos.
La pureza de los académicos.
La pureza de los gramáticos.
La pureza de los que aseguran
que hay que ser puros, puros, puros.
La pureza de los que nunca tuvieron blenorragia.
La pureza de la mujer que nunca lamió un glande.
La pureza del que nunca succionó un clítoris.
La pureza de la que nunca parió.
La pureza del que no engendró nunca.
La pureza del que se da golpes en el pecho, y
dice santo, santo, santo,
cuando es un diablo, diablo, diablo.
En fin, la pureza
de quien no llegó a ser lo suficientemente impuro
para saber qué cosa es la pureza.


I.

No quisiera jamás
pronunciar yo tu nombre en
la tristeza
en la vieja cantina
o aun frente al balde
de cerveza.

Estaría de más
el que llegaras a ser
un recuerdo
sobre algún personaje
que me persigue
en los sueños.


Ors y Gelman

Prendo la ducha y mientras el agua calienta me sorprendo recitando, de memoria, unos versos desgarradores que alguna vez le leí a Ors. Nunca me sentí más miserable, pero en el fondo, yo sabía que no era la primera vez que los recitaba. Fue entonces como recordé que esos versos no eran los únicos turbados que me sabía. Quizás ese descubrimiento me volteo de cabeza al punto de centrarme en otro cuerpo, pues al salir de la bañera tuve que descender de sus escalones con pasos de astronauta, como si comenzara a aprender a usarme. Luego, me decido a escribir esto. Lo comparto para no sentirme solo, y para que quizás a algún miserable le caiga el saco, o para que quizás algún otro miserable los recuerde un vago día, mientras se ducha.

1.
En la cena
me sobra media pizza.
Qué sensación extraña.

Tras el cristal, la noche, el mar, agosto.

Qué tristeza:
me sobra media noche,
me sobra media luna
y medio mar: la parte
que te tocaba a ti de aquel nosotros.

Y me sobro y me falto medio yo
porque me faltas tú, mi media vida

 

2.
Yo no sabía que
no tenerte podía ser dulce como
nombrarte para que vengas aunque
no vengas y no haya sino
tu ausencia tan
dura como el golpe que
me di en la cara pensando en vos.