El síndrome de Ulises

No solo Julio Ramón Ribeyro, Bryce Echenique y Vargas Llosa se fueron a París. No fueron los únicos peruanos que se dejaron guiar por la luz de la ciudad luz. Y tampoco fueron solo peruanos los que se fueron a París, sobre todo durante la década de los 50. También se fueron argentinos, bolivianos y españoles. Pero no sólo Cortázar se fue a París, ni sólo Jorge Enrique Adoum ni Jorge Volpi ni Juan Goytisolo.

Sucede que no solo los países tienen sus capitales. Las épocas también las tienen. Y París para entonces era una capital, un centro del mundo. Sin embargo, existe la idea romántica de que París era solo una meca para los intelectuales y los enamorados, lo cual es apenas cierto. Algunos movimientos muy importantes para la producción intelectual y artística del siglo XX se dieron lugar en la ciudad francesa. Y lo que es más importante para Latinoamérica, es que el Boom Latinoamericano tuvo uno de sus centros más importantes en esta ciudad europea, ya que varios de las principales figuras vivieron allí y desde allí escribieron.

Santiago Gamboa (1965) fue uno de esos escritores que no sólo fueron a  París, sino también allí escribieron y vivieron. Éste narrador Peruano es uno de los más influyentes de la literatura contemporánea, aunque su asqueroso ego y su inflada personalidad lo destituyan de un mejor puesto en quienes de alguna forma lo admiramos.

El Síndrome de Ulises es una novela que, precisamente, trata de París, donde trata sobre extranjeros que de una manera u otra transitan por esta ciudad. Los personajes, casi siempre fracasados, sufren las peripecias que sufre cualquier latinoamericano que migra hacia el norte. Personajes que pasan por situaciones verdaderamente adversas, en donde se vive el día a día, sin la promesa de uno siguiente. En otras palabras, la típica situación del migrante que va a buscar mejores días en el norte. El choque de dos realidades en cuya explosiva intersección surge una criatura nostálgica y oscura. Esta criatura, que no es estática, se repite en algunas de las páginas más emblemáticas de la literatura latinoamericana y que a veces ignora el París de Hemingway y vive en el París del metro, las ratas y los cuartos minúsculos. Santiago consigue unir a todos estos personajes en una sola novela donde no sólo habla sobre latinos que viven en una ciudad. Sino de la manera violenta en que la ciudad se apodera de los personajes y como ellos reaccionan ante ella. Porque la ciudad les impone retos como el idioma, el exilio, la identidad, la nostalgia, el fracaso y el olvido. Al final, la novela deja la sensación de haber leído la historia de América Latina. La historia que no se cuenta en las Guías Turísticas de una ciudad. Una historia, que no habla de museos, ni de las figuras que pisaron las calles parisienses. Que no habla de Vargas Llosa, de Cortázar o de Bryce Echenique. Habla de los que no se habla y vivieron en el triste París.

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